‘El Señor de los Libros’ está cambiando Colombia con libros reciclados (Parte 2)

José Alberto Gutiérrez inició hace 21 años la fundación “La Fuerza de las Palabras”, recolectando libros de la basura e impulsando la lectura en zonas populares del vecino país

 

La primera biblioteca fue la planta baja de su casa, de unos 90 metros. Allí construyeron improvisados estantes de madera, colocaron carteles educativos y decoraron con un dibujo de Gabriel García Márquez.

“La mejor herencia que le podemos dejar a un niño siempre será la educación”, asegura, mientras enfatiza que, gracias al apoyo de la fundación, 70 compañeros de su hija llegaron a la universidad, cifra impresionante si se considera que, según estadísticas del gobierno, tan solo 4 de cada 10 estudiantes logran cursar estudios de cuarto nivel.

Desde el 2008, La Fuerza de las Palabras se ha convertido en el lugar de encuentro de niños y adolescentes que iban a diario en búsqueda de libros de literatura, ciencia o medicina para resolver sus tareas escolares. De a poco comenzaron a llegar voluntarios de diferentes ciudades de Colombia e incluso de países como Francia, Dinamarca, Corea e Inglaterra, con el propósito de colaborar en la realización de talleres redacción, clubes lectura crítica, entre otros.

En diez años han enviado ocho toneladas de textos a una fundación en el puerto de Buenaventura y transportó casi la misma cantidad de ejemplares a los alejados territorios de Riosucio en el departamento del Chocó y al municipio de La Macarena, en el Meta. También llevó costales cargados de relatos a varios sectores rurales de los departamentos del Huila, Cundinamarca y Boyacá.

A finales del 2017, la fundación mandó por avión cinco cajas repletas de libros a la comunidad indígena Huitotacueimaní, ubicada en el municipio La Chorrera, una zona selvática y ribereña en el departamento del Caquetá, sur de Colombia.

Incluso, miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, en Icononzo (departamento de Tolima), en vías a su desmovilización y reinserción en la sociedad, recibieron decenas de ejemplares de libros de literatura.

“La lectura es el símbolo de la paz y de la esperanza en nuestro país. Si a mí un libro me cambió la vida, imagínese el impacto de un texto en uno de esos lugares que ha sido víctima del conflicto armado y del olvido del Estado”, señala José.

José Simón Elarba, director de Fospuca, reseña que esto es un ejemplo digno de replicar en todo el mundo para promover valores como la paz y mantener viva la ilusión y la esperanza en los niños, quienes serán los hombres del mañana.